En las montañas andinas del estado Táchira, donde el bambuco forma parte de la identidad cultural de generaciones enteras, aún resuenan las melodías interpretadas por Doña Matilde Jáuregui, considerada la última ejecutante del tradicional Bandolín Tachirense por transmisión oral.
Con casi un siglo de vida, Doña Matilde continúa tocando tonadas y piezas tradicionales que aprendió desde muy joven, conservando un legado musical que ha sobrevivido gracias a la memoria y la enseñanza entre generaciones, mucho antes de que existieran registros escritos o académicos sobre estas composiciones populares.
El bandolín tachirense, instrumento emblemático de la música andina venezolana, ha acompañado históricamente celebraciones, encuentros familiares y manifestaciones culturales de la región. Sin embargo, con el paso de los años y la desaparición de muchos de sus intérpretes, esta tradición ha ido perdiendo presencia.
Por eso, la figura de Doña Matilde representa mucho más que la preservación de un instrumento: simboliza la resistencia de la cultura popular venezolana y el valor de las raíces andinas. Sus interpretaciones del bambuco tachirense evocan la memoria de los pueblos de montaña, sus paisajes y sus historias cotidianas.
Quienes la escuchan tocar aseguran que cada melodía transporta a otra época, manteniendo viva una expresión cultural que forma parte del patrimonio intangible del Táchira y de Venezuela.
A sus casi 100 años, Doña Matilde Jáuregui sigue demostrando que la música también puede convertirse en memoria viva de un país.



